Entre lágrimas y miradas profundas, María Verónica Romero, de 43 años, recuerda cómo su ex-esposo abusaba de ella psicológicamente y físicamente por años desde México hasta su nuevo hogar en Queens. Fué ahí que encontró apoyo para superar los abusos, pero no gracias a instituciones de ayuda contra la violencia, sino a través de la danza.

Los abusos empezaron con palabras: fea, gorda, “prieta cucaracha”, loca, y amenazas de dejarla y quitarle a su hijo. Pero Romero lo perdonaba y creaba un círculo vicioso, según ella.

“Te lleva a un cierto punto que piensas que en realidad estás loca”, dijo Romero moviendo su mano derecha en círculos junto a su cabeza, mientras platicaba en un Burger King en Astoria, Queens. “Quieres salir, pero te das cuenta que estas en un abismo y te puedes caer”.  

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Romero es una de más de 54,000 mujeres que sufren y reportan violencia doméstica en Queens según datos de la oficina del Alcalde Bill de Blasio, que se encarga en combatir este tipo de violencia.

El número de deportaciones de violencia doméstica bajó en Queens por más de dos mil casos entre el 2014 y 2015. Pero ese número no logra satisfacer a Lorena Kourousias, 45, quien lleva años trabajando para el programa de Intervención de Violencia en Queens y otros barrios de Nueva York, donde el 73% de sus clientes son mujeres latinas.

“Es un poco complicado medir eso,” reaccionó Kourousias al saber el número más reciente de casos reportados. “La gente tiene más acceso a la información, pero sigue teniendo miedo de reportar el abuso”.

Ese fue el caso de Romero, quien por más de una década vivió con abusos diarios, y por no tener un estatus migratorio legal, temía de llamar a la policía. Aunque logró separarse de su ex-esposo en el 2007, a sólo unos meses de haberse mudado a Nueva York, la violencia seguía. Su pareja la acosaba mientras trabajaba en una lavandería, y la atormentaba con ideas suicidas.

“No me golpeó,” dijo Romero. “Pero me destrozó por dentro, y tenía miedo de todo”.

Romero nunca consideró el maltrato de su pareja como violencia doméstica hasta este año que empezó consejería con el programa de Intervención de Violencia. Y en esos siete años, cargaba con el maltrato psicologico sola. Pero gracias a un grupo de danza Azteca, llamado Alt-tlachinoli en Queens, Romero logró seguir adelante para mejorar su vida y la de su hijo.

“Buscaba algo para no volverme loca”, continuó. “La danza se dice que son rezos, y todo tiene un porqué y razón de ser”.

Para Romero, la danza era como terapia, y un lugar que le daba el espacio para hablar de lo que necesitara.

Este fin de semana, bailará con su grupo y otras mujeres de Queens durante “Dance for Healing”, un evento en Flushing Meadows Park organizado por Kourousias, donde promoverán la cultura en contra de violencia doméstica y sexual. El evento será parte del movimiento nacional “Hiking for Healing”, que promueve lo mismo.

“Las inmigrantes latinas no escalamos”, dijo Kourousias. “Pero bailar sí”.

Y para Romero, este evento es otra oportunidad para luchar con “sus monstruos del machismo” una danza a la vez.

Story for CUNY J Spanish-language program.

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